31 de enero de 2010

Recuerda: LUCES DE LA CIUDAD (1931)


Un pobre vagabundo (Charles Chaplin) pasa mil y un avatares para conseguir dinero y ayudar a una pobre chica ciega (Virginia Cherill) de la que se ha enamorado.

Con una espartana puesta en escena, un guión lineal y sencillo, unas interpretaciones soberbias (la cara pasmada de Chaplin viendo a través del escaparate a su amada es toda una lección de saber transmitir sentimientos), una música que te llega a todos los rincones del alma, y tal vez el mejor final de toda la historia del cine (esas dos frases que ni siquiera se oyen), se nos muestra una obra de arte repleta de poesía, de momentos hilarantes, y de una ternura que excita hasta límites extremos el lagrimal. Que Chaplin era un genio ya lo sabía, pero ignoraba hasta que límite lo había sabido demostrar.

Este es el enlace para ver el trailer de una de las mejores películas de la historia:

http://www.youtube.com/watch?v=X_W1tOngo-w